Más allá de las cifras de comercio exterior

Por José Ignacio Palma Sotomayor Director Nacional de Aduanas

Tal como muchas otras instituciones públicas, el trabajo que realizan los funcionarios del Servicio Nacional de Aduanas puede ser claramente cuantificado en cifras específicas, miles de datos que mes a mes entregan una noción muy precisa acerca de cómo se está desenvolviendo la economía y el comercio exterior de Chile.

Así es como podemos aseverar que en mayo de este año las importaciones aumentaron 75,8% y las exportaciones 33,9%, al comprar con el mismo mes del 2020. En dinero, estamos hablando de cifras muy importantes: US$ 6.844,6 millones y US$ 6.960 millones, respectivamente.

Y a partir de estos flujos de intercambio comercial, también podemos extraer un dato que es tan relevante como los anteriores: la recaudación fiscal que se obtiene. Para enero a mayo ésta correspondió a US$ 6.465,8 millones con un crecimiento del 32,7% en relación al mismo período del año pasado.

Este mismo indicador anualizado, en este caso para el año 2020, fue ni más ni menos que el 29,2% de la recaudación tributaria total que logra el Estado de Chile, con US$ 11.912 millones.

¿Por qué estos números son tan importantes? Porque se traducen en un aporte directo a las políticas estatales para reactivar la economía y acudir con ayuda social a la ciudadanía, tanto en tiempos normales, pero aún más especialmente en este contexto de pandemia, con períodos en que las fronteras han estado cerradas o con la incertidumbre de cómo se comportaría el comercio internacional ante todas las dificultades que se estaban presentando.

Cuando ya llevamos más de 18 meses de contingencia y hemos hechos una incansable labor para que los flujos del comercio exterior no se vean afectados, manteniendo los turnos presenciales e implementando medidas de digitalización de trámites, podemos decir que ese objetivo lo hemos cumplido con creces.

Por eso ahora esperamos empezar a transitar a una etapa más cercana a la normalidad, donde poco a poco vayamos dejando atrás el teletrabajo y que las funcionarias y funcionarios que aún permanecen en sus hogares puedan volver a sus espacios de trabajo físico, a sus oficinas, aquellos lugares donde se dan las interacciones humanas que son tan necesarias para la labor diaria de cada uno de nosotros y para el crecimiento de la institución.

Para lograr esto ya estamos generando las condiciones más adecuadas, entendiendo también que las formas de trabajar pre pandemia han cambiado y que algunos aspectos, como ciertos niveles de flexibilidad y la digitalización, tendrán que mantenerse y ser profundizados.